Errante voy por esta ciudad desierto,
El Sol ya no alumbra en lo incierto,
Quema con su frialdad calcinante,
Me hace dormir como un demente,
Creyendo estar despierto,
Prefiero estar soñando porque estoy
solo,
Solo en esta guerra contra la
desgracia.
La sorpresiva y repentina caída en
desgracia,
Los días de dorados campos, lejanos a
distancia,
La caída sobrevino, sin compasiva
advertencia,
Y las sombras del FED, el Kremlin, El
Banco Europeo
Y las instituciones mundiales
(El Mausoleo común de Keynes y Hayek
me disocian,
Les he puesto en la misma Mezquita y
me dualizan)
Me hacen parecer más pequeño: un
simple peón que usan.
La dorada luz solar, sus rayos áureos
cristalizados,
Han sido trocados por la envenenada
corteza de un árbol maldito
color gris-verdusco ensuciado,
emponzoñado,
Ese gris-verdusco es además usura,
La nube gris que ha decapitado al Sol de
su vigor,
Es la nube que no dio signos en los
cielos del futuro dolor.
Únicamente lluvias ácidas esas nubes
han producido,
Y de esos líquidos drogas malditas
han creado,
La pócima ácida se da cual remedio al
enfermo,
Y el enfermo adicto se ha vuelto,
La pócima ácida ahora lo esclaviza,
lo controla,
Le doblega y su médico le dice que es la
cura.
Ácido gris-verduzco en su sangre es,
le da licor
Para su borrachera. ¡Hay de quienes
tuerzan,
El bien y llamen al bien, mal; y mal al bien!,
También ellos serán contagiados.
¿Cómo se siente ser un peón de la nube
gris-verdusca?
¿Cómo se siente haber sido envenenado
por su fragancia maligna?
¿Cómo se siente el Rey, la Reyna y el
príncipe de hacienda?
¿Cómo se siente el asfixiante veneno
gris-verdusco?
¿Cómo se siente cuando se es peón y
se está sólo por dentro?
Sólo siento confusión, soledad y
dolor por dentro,
Dolor de que la plaga gris-verdusca
sea un maldito día:
Enfermedad universal.
¿Cómo se sentirá cuando todas las
piezas del tablero
ya no sean de oscuro perla negra ni
de blanco vainilla marfil?
¿Cómo será cuando sean contaminadas todas
las piezas
por la plaga gris-verdusca?
Estoy aquí y allá abandonado,
insultado hasta la infamia,
Calumniado y abandonado en mi fama,
Blindado sólo por mi vana e
inservible inteligencia,
El FBI, la KGB, el Kremlin y la Hacienda Mundial
cual peón me perseguían,
Irrumpieron en mi morada, la
expropiaron, la diseccionaron,
Rompieron mis cerrojos, mis
contraseñas, y vendieron lo que tenía.
Entonces, un viejo AgriCultor susurrando
mi nombre me dijo:
“¿Por qué te preocupas?, los días
felices borrarán el dolor”.
Todas las piezas del ajedrez se tornarán
gris-verduscas,
Si las Torres donde se depositan los
dorados son saqueadas,
Ahí todas las piezas del juego, serán
menos que peones: esclavos.
Por eso me preocupo, le dije.
Eterno Retorno, la plaga se nos echa
encima,
Otra vez, de nuevo y regresa. . . no
termina,
Contágiame, pero hazme inmune a tu
veneno,
Dame el antídoto de dorada Carmina,
Que con ello el Sol hará renacer el
dorado Heno,
Toma mi nombre, ponlo en tu base de
datos,
Pero déjame en paz.
Uno se siente como un alienígena en
la Tierra,
Aquí sí existe el peligro, sí existe
el daño,
Sí mi esposa, estamos en peligro, tú,
yo y nuestros
Hijos. Como alienígenas en la Tierra,
eso se siente:
De color grises-verduscos seremos.
Como alienígenas en nuestra propia Tierra
seremos.
Sí existe el peligro, vivo muy solo,
muy solo vivo, con mi esposa princesa,
Solo contra la plaga, como un
alienígena en la Tierra.
Quisiera que el Sol vuelva a ser,
para que tú y yo mi amada,
Criar nuestros hijos podamos, y
salvar podamos a la Tierra.











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