Cual caballero infatuado, estoy fascinado por ti,
Que, como a cualquiera, me causas frenesí,
Y me siento halagado por tu fascinación mutua hacia mí.
Cual poeta guerrero, solo quería amar,
Porque en mí el amor, fin en sí es actuar,
Pero, eres un desliz desafortunado,
Amor romántico: estoico condenado.
Debió ser heroico y sufriente nuestro nido,
Para los grandes voladores allá en el cielo: para Cupido,
Debe serle difícil vernos a nosotros prohibidos,
Tuvimos un desliz: en el blanco su flecha nos ha herido:
Carmesí fluyente de nuestro corazón unido, él es testigo.
Cual territorio inexplorado, mutuamente,
Nos hemos intrigado agradablemente,
Cada uno habló de nuestro amor: remembrante,
Como si ya en otra vida: hubiésemos en el lecho,
Estado antes.
Pero, nos somos prohibidos,
No nos somos bien invitados,
no porque seamos casados o a otros enlazados,
sino más bien porque estamos por "De La Rosa" enlazados,
no porque seamos casados o a otros enlazados,
sino más bien porque estamos por "De La Rosa" enlazados,
Escondidos, de la multitud abrazados:
¡Un desliz desafortunado!,
Nos pregonaron, a pesar de estar los dos Libres.
No creo que seamos Libres,
Necesitamos espacio y amarnos,
Para ser libres, pero no lo somos,
¿Dónde está la libertad que nos obliga
el existencialismo de Sartre?
La libertad, tal cual, ¡no existe!,
¡Solamente subsiste!,
Y a quien nos contradiga,
¡Es porque no nos ha contemplado!,
Que no te ataquen, ¡que no nos nieguen!,
Pues eso ya nos mató.
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